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Antes de iniciar mi proceso terapéutico era nefasta escuchando y leyendo las señales de mi cuerpo. 

Pero es que esto no es algo místico que sólo hacen las personas espirituales, es algo que forma parte de todos y todas las mortales del mundo.

Llegar al punto de ver de igual manera el cosquilleo en el cuerpo al estar ilusionada por algo que una presión en el pecho por tener un poco de ansiedad es importante. Y cuando digo de igual manera, quiero decir que tengan la misma importancia. No hay una buena y otra mala.

¿Qué hay de distinto?

¿Sabes escuchar y entender el lenguaje de tu cuerpo?

¡Sigue leyendo para empezar tu alfabetización sobre el tema!

Para empezar un poquito de historia o de antecedentes sobre cuál es la razón (al menos bajo mi criterio y experiencia) por la que no sabemos escuchar a nuestro cuerpo o lo menospreciamos.

¿Lista? ¿Listo?

Si ya llevas tiempo en mi comunidad me habrás escuchado hablar sobre lo siguiente que voy a decir, pero si acabas de llegar quizás te coge de nuevas.

Uno de los factores que más afectan a tu desconexión con tu cuerpo es que te programan para otros menesteres.

¿Cuáles son?

Sin lugar a dudas, te(nos) programan para obedecer y producir. Sí, este no es un blog revolucionario en el sentido político, pero que no lo sea no nos exime de estar afectadas y afectados por este tema.

No interesamos personas conscientes, conectadas con nuestro propósito, con nuestros deseos, ilusiones, sabiendo comunicar lo que queremos y poniendo límites. Y fíjate que las personas que estamos en el mundo del crecimiento personal estamos vistas como los hippies, con la sola intención de desprestigiar y que se nos vea con malos ojos.

Cuando aún vivíamos con poca ropa y nos dedicabamos a la caza y a la agricultura estábamos muy conectados y conectadas con nuestro cuerpo puesto que si no lo hacíamos no íbamos a sobrevivir. 

En ese momento había libertad en la expresión de sensaciones, emociones, instinto, sexualidad, etc.

Esto tuvo que irse reprimiendo conforme el raciocinio empezó a aparecer con más fuerza y más adelante la necesidad de producir para vivir. Para estar en constante acción hemos tenido que desconectarnos de nuestras sensaciones, emociones e instinto. La acción constante no forma parte de nuestra naturaleza.

Llegado este punto, somos esclavas y esclavos de la producción del sistema por varias razones y una de ellas es porque estamos muy desconectadas y desconectados. Un círculo vicioso.

¿Te dije que iba a hacer una pequeña introducción histórica verdad? No te preocupes que ahora ya vamos más en profundidad si cabe.

¡Vamos allá!

¿Sabes escucharlo y atenderlo?

Lo primero y más importante de todo es tomar conciencia de esa creencia que tenemos la mayoría de personas inculcada en nuestro interior: “algunas sensaciones y necesidades son válidas y otras no lo son”.

¿Qué consecuencias tiene en ti esa creencia?

De entrada lo primero que sucede es que si hay unas sensaciones o necesidades válidas y otras no, estás queriendo decir que hay unas partes correctas en ti y otras no lo son. Y esto es terrible para tu autoestima  porque inmediatamente pondrás gran parte de tu energía en cambiar eso, en vez de vivirte como un ser completo y sin errores.

Por otro lado, le pondrás atención a esas sensaciones agradables o aceptadas y las otras pasan al fondo siendo olvidadas. Que se vayan al fondo de tu conciencia no quiere decir que desaparezcan (y esto es lo que seguramente crees). Resulta que las necesidades no atendidas se quedan en ti en forma de malestar físico, malestar psicológico, irritabilidad emocional, etc. y en el momento menos deseado salen a escena.

Hay algo importante a tener en cuenta. Tú no tienes el poder de hacer desaparecer las necesidades, sensaciones, etc. Lo siento, no es así. No estás por encima de tu organismo ni de la vida. Puedes gestionarlas, decidir en qué momento atenderte, pero nunca obviarlas porque se quedan ahí.

Son reacciones químicas del organismo que no controlas y como tales te afectan.

Es importante poder mirar con cariño a toda tu totalidad, no sólo a las partes que te gustan o no te incomodan.

Diario corporal

Y para ayudarte con esta ardua tarea de prestar atención tanto a las sensaciones agradables como a las que no te agradan tanto (sólo de esta manera vas a poder entrenar tu capacidad de escucha al lenguaje de tu cuerpo), te propongo un ejercicio.

Diario corporal

Tomate dos momentos al día (pueden ser al mediodía y antes de ir a dormir) para hacer un registro de tus sensaciones corporales. De entrada haz dos columnas, una con las sensaciones y necesidades que son agradables para ti y otra columna con lo desagradable y que no quisieras sentir.

Al lado de cada sensación o necesidad explica cómo la sientes en el cuerpo, si te tensas, te relajas, te pica, se te entumece, etc. Y finalmente, anota qué has hecho para atenderte y si no lo has hecho, qué podrías haber hecho.

Al final de la semana, haz un balance sobre qué parte de ti has escuchado más.

El objetivo de este ejercicio es ayudarte a tomar conciencia de tu lenguaje corporal, qué partes escuchas y cuáles no.

Ampliar la mirada y poderte ver en una totalidad es lo que más te ayudará a poder escuchar a tu cuerpo y atenderlo. No hay atajos ni trucos, es un trabajo, pero un trabajo con resultados.

¡Te animo a adentrarte en el lenguaje de tu cuerpo!

Si tienes dudas o quieres comentarme algo sobre el tema, no dudes en dejar un comentario o escribirme a info@anamunozeduca.com. Piensa que lo que escribas quizá puede ayudar a otra persona.

Un abrazo grande.