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El mayor poema jamás conocido
es uno del que todos los poetas han surgido
la poesía, innata, en paños,
de tener sólo cuatro años.

Todavía joven para formar parte
del gran corazón de la naturaleza,
nacido hermano del pájaro, el árbol y la bestia,
inconsciente como la abeja.

Aún revestido de encantadora razón
cada día un nuevo paraíso en construcción
Alegre explorado de cada sensación
¡Sin desmayo, sin pretensión!

En tus ojos transparentes
no hay conciencia ni sorpresa:
el singular acertijo de la vida aceptas,
tu peculiar divinidad recuerdas…

La Vida, que todo pone en verso,
puede que haga de ti un poeta con el tiempo,
pero hubo días, oh tierna cría,
en que tú fuiste la misma Poesía.

“Cristopher Morley”

<<¿Qué le sucede a este comienzo maravilloso en el que todos somos “la misma Poesía”? ¿Cómo todas esas tiernas criaturas se convierten en asesinos, drogadictos, agresores físicos y psicológicos, dictadores crueles, políticos corruptos? ¿Cómo se convierten en “heridos andantes”? Los vemos a nuestro alrededor; tristes, asustados, dudosos, ansiosos y depresivos, llenos de anhelos inefables. Seguramente esta pérdida de nuestro potencial humano innato es la mayor tragedia de todas. Cuanto más sepamos acerca de cómo perdimos nuestra curiosidad espontánea y nuestra creatividad, más fácil nos será encontrar formas de recuperarlos otra vez. Podremos ser capaces incluso de hacer algo para evitar que esto les suceda a nuestros hijos en el futuro. >>

He querido empezar este artículo con estos párrafos de un libro que a mí me impactó mucho “Volver a casa. Recuperación y reivindicación del niño interno” de John Bradshaw.

Algo que es innegable es que todos/as tenemos un/a niño/a herido/a en nuestro interior. En términos de Bradshaw, nuestro/a niño/a está CONTAMINADO.

Y esto es así porque ninguna persona ha sido atendida totalmente en la plenitud de su ser. No hay ningún/a cuidador/a perfecto/a.

Codependecia
Ofensas
Narcisismo
Temas de confianza
Actitudes extrovertidas/introvertidas
Magia
Intimidad
No disciplina
Adicción/Compulsión
Distorsiones mentales
Oquedad (Apatía/Depresión)

Iremos revisando todos los términos uno a uno para mayor claridad.

Codependencia

Definiría la codependencia como una dificultad muy grande que se caracteriza por la pérdida de identidad. Necesitas de otra persona para sentir que existes. Ser codependiente significa haber perdido el contacto con uno/a mismo/a: con tus propios deseos, sentimientos y necesidades.

Los sistemas familiares disfuncionales favorecen esta codependencia ya que las personas se suelen desconectar de sí mismas en pos de la supervivencia propia y del sistema.

Los/as niños/as necesitan seguridad y buenos modelos emocionales para entender sus propias señales internas. También necesitan ayuda para separar sus pensamientos, sus sentimientos, sus necesidades y sus deseos. Cuando el entorno familiar no es protector, el/la niño/a debe desconectarse de su mundo interno para poner la mirada única y exclusivamente en el exterior amenazante. Sin una vida interior sana, uno/a tiene que buscar satisfacción en el exterior con la consecuente falta de autoestima. Esto es codependencia y es un síntoma de niño interior herido.

Ofensas

El comportamiento ofensivo, una de las principales causas del mal trato entre las personas, es el resultado de una infancia violenta y del sufrimiento y el dolor por ese maltrato, que no se ha superado. El/la que una vez fuera niño/a indefenso/a y herido/a se convierte en el adulto agresor (hay muchas maneras de agredir, no sólo físicamente).
Por contra, mientras que la mayor parte del comportamiento agresivo está arraigado a la infancia, no siempre está ligado a que éste/a niño/a haya padecido un maltrato explícito. Muchas veces puede ser por otro tipo de maltrato que estaría más relacionado con la excesiva concesión a todos sus deseos y la falta grave de límites. Un/a niño/a sin límites no comprende que en la vida no puede conseguir todo aquello que desea, convirtiéndose en un adulto que no acepta los límites teniendo una mala gestión de la frustración llegando a tener dificultades con la gestión de la rabia y la ira.

Narcisismo

Cada niño/a necesita sentirse amado/a incondicionalmente. Cuando somos pequeños no tenemos conciencia de individualidad y necesitamos proyectarnos en los adultos referentes. Cada uno/a de nosotros/as hemos sido un nosotros/as antes de un yo.
Necesitábamos poder reflejar cada una de nuestras facetas en un/a otro/a y sentir que éramos totalmente amados/as y aceptados/as con todas nuestras cualidades.
Estas fueron nuestras necesidades narcisistas y si no se vieron satisfechas nuestro sentido del YO SOY se quedó dañado.

El/la niño/a herido/a, privado de dicho narcisismo, contamina al adulto con su anhelo insaciable de amor, atención y afecto.

Temas de confianza

Cuando por “x” razones el/a niño/a detecta que sus cuidadores/as no son merecedores/as de confianza, los/as niños/as desarrollan una profunda sensación de desconfianza. El mundo les parece un lugar peligroso, hostil e impredecible, por lo que siempre deben estar en guardia y controlando. El/la niño/a puede llegar a pensar que “si lo controlo todo, nadie me podrá coger desprevenido y herirme”.

Actitudes introvertidas/extrovertidas

Para comprender cómo nuestro/a niño/a interno/a herido/a exterioriza las necesidades insatisfechas y los traumas de la infancia, debemos entender que la emoción es la fuerza principal que motiva nuestras vidas. Las emociones son el combustible que nos lleva a defendernos a nosotros/as mismos/as y a cubrir nuestras necesidades básicas.

De hecho, emoción es e-motion, que significa energía en movimiento.

Así pues, cada una de las emociones básicas (alegría, tristeza, miedo y rabia) tienen su expresión energética a través de nuestro cuerpo. No me extenderé en este tema porque más adelante ya os compartiré un artículo sobre las 4 emociones básicas.

Toda la energía emocional relacionada con nuestra angustia infantil o trauma infantil se congela al no poder ser expresada y sostenida en su plenitud. Al no solucionarse ni expresarse, esta energía trata de resolverse por sí misma y, como no puede expresarse mediante un discurso verbal, se expresa mediante comportamientos anclados en esos traumas. Por ejemplo, suele suceder que personas que acompañan a niños y niñas en situación de abandono ellos/as mismos/as tengan a su propio niño/a interno en ese estado.
Por otro lado, la manera introvertida de gestionar esto sería hacerte a ti mismo/a aquello que te hicieron de niño/a.

Lo que trato de expresar es que todo lo que no es mirado y cuidado, lo actuamos en nuestra vida presente por la simple necesidad de poder manifestar de alguna manera aquello que no pudimos en la infancia.

Magia

Los/as niños/as son mágicos. La magia es creer que ciertas palabras, gestos o comportamientos, pueden cambiar la realidad. Los/as cuidadores/as disfuncionales a menudo refuerzan estos pensamientos mágicos de los/as niños. Como por ejemplo cuando se les hace creer que su comportamiento es el responsable directo de cómo se siente otra persona.
De esta manera, cuando esto queda anclado en la infancia, de adultos creemos cosas como “cuando tenga un coche seré más feliz”, “cuando encuentre pareja todo irá mejor”, etc.

Intimidad

Muchos adultos oscilan entre el miedo al abandono y el miedo a que se les anule su personalidad por tener demasiada intimidad con alguien. Este miedo deriva de un apego inseguro con sus cuidadores/as.
El miedo a la intimidad dificulta mucho tener relaciones profundas, comprometidas y responsables; sean éstas de amistad o de pareja.

No disciplina

Un/a niño/a aprende de aquello que ve. Si sus cuidadores/as le transmiten que la constancia en la vida es importante como un estilo de vida, lo vivirá como suyo si ve que éstos lo llevan a cabo.
No disciplina en el sentido de dificultad a la hora de llevar a cabo los quehaceres diarios. Remolonear es sano, tener rabietas constantes por no conseguir aquello que quiere es una dificultad con la gestión entre el placer y aquello que toca hacer. Esto es algo que se traslada a tu vida adulta.

Adicción/Compulsión

La herida del/la niño/a herido/a es la raíz de casi todos, si no de todos, los comportamientos adictivos o de compulsión.
Las adicciones cognitivas suponen una forma eficaz de evitar ciertos sentimientos. Igual que ciertos comportamientos compulsivos.

Distorsiones mentales

Cuando no se satisfacen las necesidades de que depende el desarrollo del/la niño/a, el adulto estará contaminado por el modo de pensar del/la niño/a. Cuando los/as niños/as no han aprendido a separar los pensamientos de las emociones, al llegar a adultos usan el pensamiento para evitar sentimientos dolorosos. Separan la cabeza del corazón.

Oquedad (Apatía/Depresión)

La sensación de vacío crónico viene derivada de la infancia. Esa sensación de que nada tiene sentido no es de nuestro yo adulto, si no de ese/a niño/a que al no sentir atendidas sus necesidades contactó con una sensación existencial de que nada tenía sentido y fue tan grande que aún hoy la sentimos. Tuvimos que sustituir nuestro yo real por un yo ficticio para ir adaptándonos a vivir en esta sociedad y de ahí esa sensación de desconexión real contigo mismo/a.

La recuperación del/la niño/a interno herido/a

Que nuestro/a niño/a interno esté herido no significa que tenga que continuar así toda la vida. Es por eso que necesita atención.

Supongo que leyendo esto te habrás sentido identificado/a en varias cosas y también habrás podido ver con cuantos/as niños/as heridos/as trabajas a diario.

Si esta información llegara a más personas y cada vez fuéramos más los/as que queremos recuperar a nuestro/a niño/a interno, el mundo sanaría con mucha más rapidez.

Es por esto que te propongo este viaje. Primero experiméntalo tú para después poder acompañar a las personas que atiendes o a los niños/as que ves cada día en clase. Podrás entenderlos/as mucho mejor si te entiendes y te recuperas a ti mismo/a antes.

Meditación del/la niño/a interno/a herido/a

Tómate un espacio tranquilo y en soledad. Pon una música relajante que te guste, si puede ser mejor sin letra para que no condicione tu visualización.
Siéntate cómodo/a. Puedes poner tus manos sobre las piernas o situarlas en la zona de tu corazón, donde te sientas más cómodo/a.

Cierra los ojos y respira profundamente mientras vas observando como tu aire entra y sale por la nariz. Tu cuerpo se va relajando poco a poco. Permite que empiecen a venir sensaciones corporales. También vendrán pensamientos, no te preocupes, simplemente míralos y déjalos pasar.

Imagina delante de ti un cojín muy bonito. Piénsalo para alguien muy especial. Qué color tiene, qué tacto. ¿Es grande o pequeño? A lo mejor cuando te sientas es duro o quizá es muy mullido.

Y mientras estás visualizando este cojín para esa persona especial, empieza a aparecer un/a niño/a a lo lejos. No ves con claridad quién es, pero te resulta conocido/a. Conforme se va acercando vas viendo más sus facciones y ves que está triste y asustado/a. Lo/a miras y sientes también su tristeza y su miedo. Una vez llega delante de ti se sienta y te sorprendes de ello. Parece que él/ella tiene muy claro que venía a verte pero tú no sabes quién es. Esa sensación de tristeza y miedo se empieza a hacer muy grande en tu interior y no comprendes por qué.

Ese/a niño/a aún no te había mirado a los ojos y cuando lo hace ves algo muy familiar en ellos. Te mira fijamente como si quisiera decirte algo sin palabras. Hasta que finalmente levanta su pequeña mano y te toca el corazón. Algo dentro de ti se rompe en mil pedazos y te das cuenta de que su tristeza es la tuya propia. Su miedo es el tuyo. Ese/a niño/a eres tú. ¿Cómo puede ser que te hubieras olvidado de él/ella? Cada trocito de tu corazón roto por haberte olvidado de ti mismo/a se convierte en pequeñas lágrimas internas.

Tu niño/a las va recogiendo para enseñarte qué cosas hay de los/as dos recogidas en ese pequeño trocito.
Te enseña todo aquello que has olvidado de tu infancia, todo aquello que te ha hecho olvidar quién eres y olvidarte finalmente de ti mismo/a. Pasáis por centenares de lugares distintos, veis a muchas personas distintas y pasáis por diferentes emociones, momentos felices, momentos de tristeza, de miedo y de enfado. Toda tu infancia la ves delante de ti y por fin comprendes por qué eres cómo eres.

Poco a poco tu niño/a te trae de vuelta a tu lugar y al cojín que habías creado para él/ella. Y te das cuenta que sigue teniendo la mano en tu corazón. Te mira fijamente y con mucha emoción en sus ojos te pide por favor que no vuelvas a dejarlo/a solo, que te necesita.

Espera tu respuesta con ojos anhelantes de recibir una respuesta y aquí llega el momento de que tengas que decidir qué quieres hacer. ¿Quieres estar presente contigo mismo/a o quieres continuar abandonandote?

Tu niño/a quiere una respuesta sincera. Dásela.

El tiempo se acaba y ves como tu niño/a se levanta para irse. ¿Está contento/a o está triste? Depende de tu decisión.

Te mira y se despide de ti. Emprende su camino de vuelta a casa. Vuestra casa. Se ha ido tan lejos que ya no le ves y empiezas a sentir otra vez ese vacío en tu interior tan conocido para ti. Ver como esa parte de ti se va tan lejos te entristece. Está bien. Es importante notar ese vacío porque es sólo sabiendo que está que puedes hacer algo para cambiarlo.

Y el camino no es otro que acercándote a ti mismo/a, recuperándote, cogiendo la mano de ese niño, de esa niña e ir juntos a la vida. De esa manera dejarás de estar roto/a, quizá estás más triste, pero definitivamente más completo/a.

La tristeza es algo que se sana cuando la miras, el estar roto/a no se repara si no coges tus trozos y los juntas.

Así pues, con las manos en el corazón, le prometes a tu niño, le prometes a tu niña que estarás con él, que estarás con ella. Que ya nunca te vas a separar y que juntos/as vais a emprender este viaje. Habrán tormentas, sí, pero si os atrevéis a atravesarlas, juntos/as seréis más fuertes y felices.

Y con esta firme convicción, puedes ir volviendo a tomar conciencia de dónde estás, notar las sensaciones corporales…Toma tres respiraciones profundas y a tu ritmo puedes ir abriendo los ojos.

Mira el espacio donde estás, poco a poco, como si fuera la primera vez que lo ves. Tomate tu tiempo, no hay prisa. Coge una libreta y escribe todo aquello que hayas experimentado. Es importante dejar imprenta de aquello descubierto.

Y hasta aquí mi acompañamiento por hoy. Espero que este viaje no sea más que el inicio de una gran aventura.

Un mundo lleno de niños/as internos/as heridos/as

mundo lleno de niños internos

Habrás comprobado después de esta meditación que hay cantidad de cosas por descubrir en tu interior. Y no sólo dentro de ti, si no dentro de cada una de las personas con las que convivimos y con las que trabajamos.

Puedes probar a hacer esta meditación con alguna persona de las que acompañas que sienta que puede sostener este trabajo o también con los niños/as de la escuela en la que trabajas. Ellos/as estarán más en contacto consigo mismos/as, así que seguramente no les será tan difícil. Modifícala un poco para que se adapte a ellos/as y listo.

Cuéntame qué te parece y si te ha servido, compártelo. Así esta sabiduría puede llegar a más personas.

Y si quieres emprender este viaje hacia tu niño/a interno/a acompañado/a, escríbeme y lo hablamos.

Un abrazo grande.