fbpx

Escribo este artículo para ir rompiendo prejuicios que todos y todas tenemos relacionados con las emociones. Creemos que si escuchas y/o expresas tus emociones eres una persona débil o incluso impulsiva y poco racional.
Ser una persona adulta significa ser racional. ¡Qué digno todo! Me pregunto en qué momento de nuestra sociedad se demonizaron tanto las emociones.

Soy totalmente partidaria de permitir y dar espacio a todo aquello que sale de nosotros/as y esto incluye a los pensamientos, el cuerpo, las emociones la espiritualidad, etc.

¿Qué es una emoción?

Una emoción es información sobre tu presente, tu aquí y ahora. Información íntima sobre lo que te está pasando de manera interna en un momento concreto. El aquí es el cuerpo y el ahora es el presente temporal.
Es un aviso primario con importantes bases en la conservación, en la relación y la socialización de la persona.
También, como en otras ocasiones ya te he explicado, el origen etimológico de la palabra emoción es e-motion que quiere decir energía en movimiento.

Dicho esto, si la emoción es algo que te da información sobre tu estar presente y sobre cómo te sientes respecto a una situación o a una persona, ¿cómo es que se le ha tachado de algo negativo?

¿Por qué las emociones están estigmatizadas?

Atender nuestra parte emocional es atender a nuestras necesidades más básicas y esto muchas veces no corresponde con lo que socialmente está visto como productivo o práctico. Cuántas veces haces más caso a lo que debes hacer que a lo que quieres o necesitas. Estoy segura que muchas veces. Además, me voy a arriesgar un poquito más, seguro que después de leer sobre el deber o el querer es muy probable que hayas pensado que no quieres ser egoísta. Y voilà ya está listo el mecanismo que hace que no escuches aquello que necesitas realmente. Madre mía es que qué egoísta eres si haces lo que necesitas y dices que no a otra persona o pones límites, ¿verdad?
Te han insertado el chip del egoísmo y ni te has enterado. Y bajo este pretexto cada vez eres más infeliz y más culpas al exterior de ello.

Desarrollo infantil y aprendizaje de la gestión emocional

El pionero en considerar las etapas del desarrollo infantil fue Freud: anal, oral edípica, fálica, de latencia, etc. Más adelante profesionales como Wilhem Reich y Lowen continuaron con su trabajo nombrando con qué necesidades se contactaba en cada etapa del desarrollo y de qué manera se podía atender la necesidad o se dependía de otra persona para satisfacerla. Este aspecto es algo muy importante porque lo que aprendes en la infancia marcará en gran medida cómo gestiones actualmente tus necesidades y la consecuente satisfacción de ellas. Esto no quiere decir que cuando tomas conciencia puedas evolucionar 😉

Reconocer y gestionar una necesidad son aprendizajes de extrema importancia que a menudo no te acompañaron de pequeño/a a hacer con cierta madurez.
Reconocer una necesidad significa darle lugar, verla. Por ejemplo: reconocer que esa sensación de sequedad en la garganta es seguramente que tienes sed. Gestionar la necesidad es un nivel más allá. Quiere decir que es necesario calibrar de qué manera necesitas del exterior para atender esa necesidad, sea algo material o una persona; ver los límites que nos encontraremos en el exterior; y finalmente si nos tenemos que relacionar con otra persona qué emoción va a generar en esa persona nuestra necesidad.

Si te fijas, de manera rápida y sencilla, te he explicado la complejidad por la que pasas cada vez que contactas y gestionas una necesidad. En el camino aparecen muchas dificultades y emociones y aquello que hayas aprendido en tu infancia va a aparecer de manera automática hasta que le pongas consciencia y empieces a hacer las cosas distintas.

Las 4 emociones básicas

Una vez introducido un poco el tema, te voy a hablar sobre las 4 emociones básicas y sobre por qué 4 y no 5 o 6.

Miedo, Alegría, Tristeza y Rabia son las 4 emociones básicas porque forman parte de experiencias vitales internas de las personas y son comunes dando igual su origen, época, lugar o cultura, ayudando a comprender la situación actual de dicha persona.

Cada emoción puede ser identificada en dos áreas distintas en tu interior: la mental y la corporal-sensitiva.
Las emociones no son un estado sino un tránsito por el que pasas. Por eso dan miedo las emociones porque te crees que te vas a quedar atascado/a eternamente en ella. Y el verdadero problema sucede cuando no las atiendes que entonces sí se quedan ancladas en tu organismo en forma de ansiedad, estrés, pensamientos obsesivos, etcétera.

ALEGRÍA

La alegría es una emoción que despierta energía expansiva y ascendente en nuestro organismo, en nuestros tejidos, en nuestros huesos. Se manifiesta con calor.

  • En el sexo (zona pélvica), la llamamos erotismo.
  • En el chakra corazón (el pecho), le denominamos ternura.
  • A nivel mental (la cabeza), se conoce como curiosidad.

La alegría también se manifiesta a través del impulso de compartir dicho calor con los demás. Por ello, entre las funciones de esta emoción encontramos el establecimiento de contacto y compartir algo.

¿Cómo gestionamos compartir algo? Está claro que no nacemos sabiéndolo. Vamos aprendiendo a reconocer y a gestionar la alegría (manifestada como ternura, erotismo y curiosidad) a lo largo de la vida. En este camino, descubrimos que (para desarrollarla) resulta preciso aprender también a elevar el umbral de la frustración.
(…)

(Las 4 emociones básicas. Marcelo Antoni y Jorge Zentner.)

Hablar sobre la gestión de la alegría también es hablar sobre la gestión de la frustración porque la alegría al ser una emoción expansiva produce el deseo de compartir con en el exterior el motivo de esta emoción. Al entrar en contacto con el exterior puedes sentirte satisfecho/a en ese contacto o frustrado/a.

MIEDO

El miedo es una de las emociones que podemos llamar de recogimiento, de contracción, de repliegue (más adelante también se verá que la tristeza también lo es, aunque de una manera distinta).
El miedo produce repliegue (contracción, retención, acumulación de energía) ante un aviso de peligro, ante una amenaza.

Podemos distinguir, en general, dos variantes del miedo:

  • el temor a dañar a otro por un impulso propio muy fuerte;
  • el temor a recibir un daño desde fuera.

Caricaturicemos un poco las cosas:

  • tengo miedo de mí un monstruo capaz de matar;
  • anda suelto por ahí un ogro que me puede comer.
  • Hay en mí una fuerza que me hace capaz de matar a alguien;
  • una fuerza externa amenaza con matarme.

Está claro que cuando decimos “matar” no nos referimos a la acción de un revólver, sino a que puedo causar un daño irreparable al otro, o el otro puede causarme un daño irreparable a mí.
(…)

(Las 4 emociones básicas. Marcelo Antoni y Jorge Zentner.)

Practicar una buena gestión del miedo sería permitirte sentir el miedo y no poner en marcha ningún mecanismo ni de huida ni de ataque, con el objetivo de tomar conciencia de aquello que está generando este estado de miedo y poder actuar en consecuencia cuidándote.

RABIA Y MOLESTIA

La molestia y la rabia son fuerzas expansivas que tienden a apartar, a sacarse de encima algo o a alguien. Todo lo contrario a la alegría (fuerza expansiva también) que impulsa, que lleva hacia el otro, para compartir calor.

Se podría decir que, en el plano psíquico, la rabia y la molestia poseen una función equivalente a la del dolor a nivel de los órganos físicos: mientras que el dolor indica que el órgano en cuestión está afectado por algo, la molestia señala la existencia de una frustración, directamente conectada a una herida que se debe atender.

La molestia y la rabia suelen manifestarse como una explosión: alarido, grito, un ¡no! contundente… Esa manifestación expansiva sirve para drenar la frustración.

También, en ciertas ocasiones, puede aparecer como implosión, traducida en autoflagelación.

Pero expresar la molestia, no basta. Es importante reconocer qué herida hay detrás de la misma. Si no atendemos a eso que nos hace daño, permanecemos en la emoción (pegándole al otro, o pegándonos a nosotros mismos).

En otras palabras, permanecemos desconectados de aquello que nos daña; sólo nos debilitamos.
(…)

(Las 4 emociones básicas. Marcelo Antoni y Jorge Zentner.)

Una buena gestión de la rabia y la molestia ayuda a generar cambios en tu vida en aquellas áreas o relaciones que no están siendo beneficiosas para ti. Te ayuda a poner límites sanos para atender aquello que sí quieres en tu vida.

TRISTEZA

La tristeza es una emoción reflexiva, siempre relacionada de alguna manera con el pasado. En ella hay un doble aprendizaje: acompañar al otro y dejarse acompañar por el otro.
Del mismo modo que la alegría es compartir calor, la tristeza es acompañar y dejarse acompañar. La compañía es, precisamente, lo que permitirá transitar por esta emoción.

Desde el punto de vista corporal, la tristeza nos produce una suerte de “acolchamiento”, una sensación con matices difíciles de diferenciar: no es del todo agradable, ni por completo desagradable… Un poco frío, un poco de calor…

  • Tristes, nos interiorizamos.
  • Tristes, no sabemos muy bien lo que queremos.
  • Tristes, no sabemos realmente si tenemos ganas de hablar con aquel amigo o de escuchar música.
  • Tristes, no sabemos qué necesitamos.

Ese “no saber qué necesito” me lleva a prestar atención, para reconocer cómo me siento, y también me permite tomar conciencia de cómo va cambiando mi sentimiento.

Una de las funciones que cumple la tristeza en su expresión no neurótica es hacernos aflojar, soltar.
(…)

(Las 4 emociones básicas. Marcelo Antoni y Jorge Zentner.)

Para poder atender a la tristeza en tu vida es importante darte espacios de soledad y de esta manera escuchar. A menudo huimos de la tristeza, pero ésta nos lleva al recogimiento. Permítete, no huyas de esa parte de ti y ofrécetelo como un regalo. La respuesta a lo que necesitas estará ahí escondida, no huyendo con los/as amigos/as para no estar contigo mismo/a.

Las emociones me sobrepasan: ¿qué puedo hacer?

Si te resulta difícil gestionar tus emociones y la de las personas que acompañas en tu trabajo y se te hace un mundo muy grande, te recomiendo que pidas ayuda y te dejes acompañar.

Sentirte acompañado/a en tu proceso de gestión emocional es muy sanador y reconfortante. Piensa lo agradecidos/as que se sienten las personas a las que acompañas en tu día a día… Tú también te mereces ser acompañado/a.

Si lo necesitas, rellena este formulario y déjame acompañarte en tu gestión emocional 🙂

Ana